A veces las fotos “viven por ti” (reflexión).

A veces las fotos “viven por ti” (reflexión).

Imagina el escenario: 

Estás en la sala de aeropuerto esperando la salida de tu vuelo a “ese lugar” de ensueño al que siempre quisiste ir.
 

¿Qué haces?

Lo más probable es que consultes tu smartphone para, acto seguido y tal vez a forma de reflejo, procedas a tomarte una selfie para actualizar tu estado en Facebook o en Instagram con un “me les voy de paseo“.

Somos una sociedad de selfies. 

Todo lugar o evento al que vas necesita enfermizamente ser documentado. Quizá llegas, en este mismo utópico viaje, a tu destino y lo segundo o tercero que haces tras instalarte es decirle al mundo dónde estás (dejemos de lado los temas de “privacidad“) antes incluso de detenerte a admirar y respirar el aroma de la ciudad.

Por el contrario, si acudes a un concierto, a un evento deportivo… ¡a lo que sea! todo instante “tiene que” ser registrado. Tenemos una angustia cuándo no “presumimos” a nuestros “amigos” lo que hacemos y cuánto –decimos– disfrutamos de ello.

Y aquí viene lo malo: 1) “presumimos” que disfrutamos y 2) a su vez, por tomar “esa foto” o ese vídeo, no “estamos” al cien por ciento en el lugar.

¿Por qué esta mal presumir?

Lejos de lo moral que pudiera tomarse el comentario, mi postura va un poco más allá. Esa foto que colgamos en la red está -regularmente- editada, recortada y tomada en nuestro mejor ángulo, en el momento que consideramos idóneo (que nos inventamos) y mostrando lo que nosotros queremos… Es decir, lo que compartimos en la web no es, ni de cerca, lo que realmente estamos experimentando.

Nos concentramos más, al momento de vivir una experiencia, en capturar ese hecho perfecto, en subirlo a Internet, que buscar que sea un instante personal; lo convertimos en  “algo más” que compartí con mis amigos y seguidores.

Un concierto. Un viaje. Una escapada al zoológico, al museo o a un centro comercial debería de ser eso… una desconexión del mundo dos punto cero en el que siempre nos movemos y al que constantemente viajamos tras desbloquear nuestros móviles.

Sí. Una foto o un vídeo no está mal pero en lugar de concentrarse apasionadamente por tomar la foto impecable detrás de la Torre Eiffel ¿por qué no detenerse a capturar ese momento en la lente más maravillosa que tenemos: nuestros ojos?

Es mejor vivir que dejar que las fotos lo hagan por ti.

Imagen | rawpixel.com 

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